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EL PAPEL DE YOANI, LA BLOGUERA Stampa E-mail

SI LA AMÉRICA DE OBAMA

CONTINÚA SU CIBERGUERRA CONTRA CUBA


de Gianni Minà

 

El anuncio del acuerdo entre Estados Unidos y China para aplazar la reducción de las emisiones de dióxido de carbono por parte de los dos mayores contaminadores de la atmósfera, que frustra todas las esperanzas del resto de la humanidad de conjurar, en los veinte años venideros, las catástrofes medioambientales que se ciernen sobre nuestros destino, no parece haber preocupado mucho a la gran información occidental, que tampoco se inmutó ante la constatación, tras la cumbre de la FAO, que pronto aumentarán los millones de muertos de hambre, gracias al egoísmo y al cínico desinterés de las que se denominan “naciones fuertes”.

En cambio, lo que realmente impresionó a la hipócrita información del mundo que más cuenta, en particular en Italia y España, fue la noticia que se le prohibió a la bloguera anticastrista Yoani Sánchez viajar a Estados Unidos: ahí hubiera debido retirar el premio habitual que le asigna, sistemáticamente ya, el extravagante mercado de la cultura occidental por el único mérito manifiesto de poseer un blog en Cuba; un blog asistido por un servidor poderoso en acción desde Alemania y registrado como “Strato” por el munífico mecenas Josef Biechele. Un servidor que da hospitalidad al blog Generación Y, y que tiene una amplitud de banda sesenta veces mayor que los que proveen la red en toda la isla.

Y la preocupación llegó a un nivel de alarma cuando la bloguera, que está patrocinada por el grupo editorial Prisa, propietario del diario español El País, que controla más de mil emisoras en todo el mundo y que cuenta con treinta millones de radioescuchas, denunció una agresión y un secuestro de veinte minutos, perpetrados en Cuba, donde este tipo de práctica fascista jamás existió: más bien, forma parte de las costumbres y usos de los tristemente célebres anticastristas de Miami, muchos de ellos terroristas probados y, desgraciadamente, a veces activos hasta en el interior de la isla.

Para proteger a estos canallas, Bush Jr. (es importante recordarlo) hasta llegó a violar las leyes antiterrorismo que él mismo había sancionado tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Ahora bien, ¿cuáles son las culpas de Cuba? Acaso precisamente el papel que la tierra de la Revolución ha tenido, con su historia, en el rescate al que estamos asistiendo en muchos países de América latina.

Para aquellos que, a causa de ese papel, no consiguen soportar Cuba, el tormento comenzó en primavera, cuando se estrenaron dos excelentes películas de Steven Soderbergh, sobre Che Guevara durante la revolución y después, en su epopeya en Bolivia: dos obras de gran honestidad intelectual y de respeto por la ética de esos sucesos.

En esos mismos días, en Trinidad, depués que el Presidente venezolano Chávez había obsequiado a Barack Obama con el libro de Eduardo Galeano Las venas abiertas de América latina, invitándole a leerlo para poder entender mejor el continente, las naciones de ese área del mundo solicitaron unánimemente la readmisión de Cuba en la OEA, la Organización de Estados Americanos, de la que la mayor isla del Caribe había sido expulsada hace medio siglo por voluntad de Estados Unidos.

Tuvo que votar a favor también Hillary Clinton, cuya propuesta de imponer condiciones al gobierno de La Habana para poder gozar de esa apertura no había encontrado acogida.

Sucesivamente, y con la fuerza explosiva de ciertas imágenes de la comunicación moderna, en septiembre llegó el concierto en la Plaza de la Revolución de los artistas latinoamericanos, liderados por el colombiano Juanes y por Miguel Bosé, con más de un millón de espectadores. Un evento que se vio en todo el mundo gracias a You Tube, y que se desarrolló con evidente serenidad, si bien para muchos Cuba no hubiera podido permitírselo, ya que podía resultar peligroso desde el punto de vista político.

Pero el golpe más contundente se dio el 28 de octubre, cuando 187 naciones condenaron por la decimoctava vez el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba, con sólo tres votos contrarios (los mismos Estados Unidos, Israel y las Islas Palau, un archipiélago del océano Pacífico occidental, antaño colonia española, vendida sucesivamente a Alemania para terminar ahora como una especie de protectorado de Estados Unidos, y  representado en las Naciones Unidas por Stewart Beck, un abogado de Long Island, ciudadano israelí, muy cercno a John “Armageddon” Bolton, el halcón ex embajador de Wáshington ante las Naciones Unidas). Hubo dos abstenciones: las Islas Marshall, donde hay una gran base militar norteamericana, y Micronesia, otro archipiélago del Pacífico que depende de los EE.UU.

Sergio Romano, ex embajador italiano en las postrimerías de la Unión Soviética, a un lector que se quejaba porque esta noticia había sido ignorada por el Corriere della Sera, tuvo que contestar, sin temor a parecer cómico, que una noticia repetida por muchos años ya no es una noticia. En efecto, el voto de la Asamblea de la ONU había encontrado un acuerdo sobre un texto que censura los daños mortales que los Estados Unidos han infligido en cincuenta años a un pueblo y a su derecho a la autodeterminación, sólo por haber éste optado por el socialismo.

Todo esto, mientras en muchos países están aumentando las iniciativas de organizaciones humanitarias y de defensa de los derechos civiles para que el Presidente Obama ponga en libertad a los cinco agentes de la inteligencia cubana que están en la cárcel desde hace once años por haber desenmascarado el terrorismo que se organizó por años contra Cuba, desde la Florida y Nueva Jersey, causando miles de víctimas.

Evidentemente, había suficientes elementos para que los funcionarios del Departamento de Estado que se ocupan de América latina y las agencias de la CIA como el Ned y el Usaid, que diseñan la imagen de la política de Estados Unidos en el mundo e influencian su consenso, sintieran la exigencia de intervenir para desestabilizar o reajustar este clima favorable a la única nación del mundo con la que los gobiernos de Wáshington, en los últimos cincuenta años, no han logrado establecer ni siquiera una relación civil, humana, como en cambio lo han hecho hasta con Vietnam, Camboya, Corea del Norte y China.

Sin embargo, pese a las buenas intenciones que Barack Obama expusiera en Trinidad, los que decidieron esta línea no han sabido resistirse a la tentación de hacerlo montando una especie de “estrategia de la tensión”, en aras de la que Bush Jr. despilfarró inútilmente, en dos mandatos, millones de dólares: en este último año, el nuevo Presidente tuvo que mandar al respecto una investigación administrativa. Ésta concluyó que las asignaciones fueron robadas por las supuestas organizaciones por la democracia en Cuba, como las “Damas de blanco” de la disidente Marta Roque (también subvencionada por el terrorista Santiago Álvarez), o bien fueron usadas para “untar” a quienes podían crear desasosiego en la sociedad de la isla, seguramente aún no libre de contradicciones.

Por lo tanto, aunque Obama había afirmado, recientemente, que “el impacto de la presencia de médicos cubanos en América latina y en el sur del mundo fue más eficaz que cualquier política desarrollada en estos años por los gobiernos de Wáshington”, se resolvió volver a los acostumbrados viejos métodos, aunque más tecnológicos. En el caso de Yoani Sánchez, como ya lo explicamos en los dos últimos números de Latinoamérica, una estrategia basada en la red como arma ofensiva y como terreno de auténtica aplicación del bloqueo. Un diseño de ciberguerra, que Obama evidentemente todavía no ha cancelado, montado allá por el año 2003, con un documento secreto, por Donald Rumsfeld, ex Secretario de Defensa del gobierno Bush (el que aprobaba la tortura) y que, como revelara el general Elder del comando ciberespacial, apunta “a tratar Internet como un campo de batalla, que tendrá prioridad para acciones en el ciberespacio”. Y ¿cómo? Lo explicó en 2008 Usa Today: “El Pentágono está creando una red mundial de sitios web informativos, en idiomas extranjeros (incluso un sitio en árabe para los iraquíes), confiados a periodistas locales de estados definidos “canallas”; escribirán artículos sobre eventos de actualidad y con otros contenidos que puedan promover los intereses de Estados Unidos y mensajes de contrainsurgencia”.

Un programa que parece la fotografía del mundo de la bloguera de moda, que no habla tanto a los cubanos sino a un auditorio que está afuera de la isla, acosado por un discurso de prejuicio contra Cuba que apunta a neutralizar en la opinión pública occidental el favor del que goza la isla en este momento, sobre todo en el continente al sur de Texas, que ya no es el “patio trasero” de Estados Unidos.

Así, la bloguera cumple con su tarea, deplorando las estrecheces de su país pero ignorando sus conquistas, incluso el mérito de haber sabido reaccionar a tres huracanes catastróficos, por ejemplo, mientras que en Estados Unidos se dejaba que Nueva Orleans muriera.

El otro día llegó a escribir descorazonada porque en Cuba la gente se defiende de los chaparrones con bolsas de nylon y corre siempre el riesgo de empantanarse en las alcantarillas llenas de agua.

Tiene razón: en Haití, en todo Centroamérica o en las chabolas de México o Colombia, en esos países donde se impuso el tan codiciado neoliberalismo, la gente tiene a disposición impermeables a la moda, algunos hasta tienen trincheras a la inglesa, y, en cuanto a los charcos, es una lástima que la Sánchez no pueda vérselas con los baches llenos de agua de los barrios elegantes de Roma, como Montemario o Parioli, o con las inundaciones de barrios marginales como Tor Bella Monaca, Torre Angela o Torre Gaia.

En fin, aunque en La Habana, como en todas las ciudades del mundo, no faltan cretinos ¿por qué deberíamos creer que alguien está tramando para quitarle la palabra a quien da a conocer al mundo realidades tan trágicas, y lanza acusaciones tan serias?

Deberíamos tomar nota, en cambio, del hecho que, como sucedió con Honduras, algunos de los intelectuales del Departamento de Estado no han cambiado su mentalidad respecto de la temporada de Bush Jr. y, por ejemplo, están instando a Barack Obama a usar con Cuba los mismos métodos, o sea a repetir los mismos errores que cometieron diez presidentes antes de él, provocando, como olvida Yoani, angustias, desasosiegos y dolores, sin obtener ningún resultado apreciable.

El Presidente hasta parecería haber contestado a siete preguntas que le enviara la bloguera, aunque de ello no resulta rastro ninguno en el sitio de prensa de la Casa Blanca, y la hoja de las respuestas, que circula por Internet, no lleva impreso ningún membrete.

¿Quién quiere que también sobre la cuestión de Cuba Barack Obama se vea obligado a desmentir sus aperturas?


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